Los primeros momentos con el bebé (1)
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Los primeros momentos con el bebé (1)

Cuando te estrenas como “futura madre” y empiezas, feliz y temerosa, a leer las revistas esas que hablan sobre niños te entra un poco de curiosidad y sientes mucha sorpresa cuando hablan del primer mes con tu hijo recién nacido. Porque en comparación con otros meses de su desarrollo el primero te lo describen con todo lujo de detalles y de epítetos, casi hora a hora, sobre todo el primer día y la primera semana. Y una no lo entiende hasta que no llega el día, la hora, el minuto, el segundo… en que miras al bebé y te entra una ternura que no sabes describir y, por lo menos en mi caso, entiendes muchas cosas que decían tus padres y las revistas…

Te sientes fatal porque en tu loca juventud juraste no caer nunca en las garras de la ñoñez y la sobreprotección y ahí te deja el destino, cual leona sobre su cachorro… y le tienen que sacar sangre y trae un hematomilla microscópico en el cuerpo y te entra la de morirte… Y el niño llora y se calla cuando lo coges, pero cuando lo coges tú, no otra persona, tú. Y se te llena el pecho de aire no sabes muy bien porqué.

Todos estos sentimiento no son sino un reflejo de que se está produciendo una transición sana del mundo amniótico al mundo exterior, una transición que conlleva la creación de algo excepcional, la vinculación materno-filial. Es algo excepcional y en cualquier caso algo nuevo para la madre primeriza, y pilla así como de susto. Pero es un paso fundamental para la supervivencia del bebé y para su salud futura. Se ha estudiado en mamíferos y en condiciones experimentales, que la pérdida de la madre en edades temprana reduce la supervivencia de las crías, pero no porque se las coman los predadores que no existen en estas condiciones, sino porque se mueren más. Y el elemento mágico de este enigma biológico es el binomio lactancia materna/vinculación materno-filial.

Me parece un tema tan interesante que creo que merece más de una entrada y como la deformación profesional me puede quiero empezar con la depresión postparto. Ya que hay veces que esta relación inicial entre madre y niño falla por algún motivo pudiendo derivar en un trastorno depresivo y creo que es necesario conocer cuáles son los signos de alarma de esta entidad clínica.

Esa sensación de soledad y la depresión postparto.

Hay un cambio incuestionable en la vida de unos padres en el minuto que nace el niño, todo pasa de gravitar en torno a la madre embarazada a gravitar en torno al bebé recién nacido. Y en realidad es un error. El niño lo que necesita es tranquilidad para adaptarse al mundo y no constantes visitas, voces y manos que le tocan esa piel que hacía sólo unas horas había estado protegida en la bolsa amniótica. Necesita, eso sí, la piel, el olor, la presencia tranquila de sus padres, los besos y las caricias que antes sólo sentía con una pared de por medio.

Con todo esto, las madres pasamos a fundirnos con el paisaje y a ser un soporte bonito para el centro de atención, el recién nacido. Vamos quedamos bonitas como sillas cómodas. Y pasamos del “cariño, no cojas esa botella que ya sabes que no tienes que coger peso” “Cielo, no te agaches que ya te lo subo yo…” al “coge tu las bolsas de la compra que ya llevo yo al niño y así descansas”. Y se te queda cara de tonta porque el niño sólo pesa tres kilos, y además es lo único que te apetece coger en estos momentos.

No es de extrañar y tampoco pasa nada, pero genera un poco de sensación de soledad. Siendo además el caso que el primer mes es cuando la dependencia del niño con la madre es prácticamente absoluta, sobre todo si se alimenta como recomienda la OMS con lactancia materna exclusiva. Así que las noches sin dormir y los llantos suelen recaer en los brazos de su madre más a menudo que en los de otra persona, el cansancio se acumula y si tienes otro hijo tampoco puedes dejar de prestarle atención.

Es agotador.

Compensa con creces el esfuerzo pero es agotador.

Por ello es muy importante tener en cuenta el bienestar de la madre, especialmente este primer mes, porque una cosa es esa sensación de soledad, a veces incluso de tristeza o frustración, y otra muy distinta es una depresión postparto que es una entidad muy grave con consecuencias serias para la salud de la madre y del niño. Aunque muchas mujeres pueden tener síntomas similares durante el embarazo o tras el parto, una depresión necesita tratamiento y por lo tanto hay que estar pendiente de los signos de alarma.

  1. Sensación sobrecogedora de tristeza, soledad o de inutilidad

  2. Falta de energía y/o de interés por actividades que normalmente resultan agradables.

  3. Sentimientos de soledad, desgana o agotamiento constantes

  4. Alteraciones fisiológicas, insomnia, hipersomnia, falta de apetito o aumento de apetito

  5. Disminución de la capacidad de concentración, disminución del rendimiento escolar o laboral

  6. Irritabilidad o labilidad emocional con cambios bruscos de humor

  7. Malestar somático constante

  8. Ideas de desesperanza o culpa.

  9. Pensamientos de hacerse daño o hacer daño al bebé, incuso ideación suicida

Por ello, si después de tener un hijo se siente triste y frustrada, con pocas o ninguna gana de hacer nada, si el bebé le produce rechazo o indiferencia, consulte a su médico porque es posible que necesite tratamiento. Sobretodo si estas sensaciones duran más de dos semanas.

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