La vuelta al trabajo y la separación de los niños
0

La vuelta al trabajo y la separación de los niños

Se acabó la Navidad y los Reyes Magos pusieron el punto dulce y esperanzador de todos los años con sus caramelos y cabalgatas, con sus regalos y … sobre todo con sus regalos. Y el mejor de todos ellos pasar tiempo con la familia y jugar con los niños el día de Reyes.

Pero vamos ya nuevamente camino del trabajo y parece que han pasado meses desde que fue el día de Navidad o la Nochevieja. Volvemos irremediablemente al estrés diario y a no tener casi tiempo de estar con nuestros pequeños. ¡Qué hago yo en un tren pudiendo estar dando el desayuno a mi hija! Pues como dicen en mi tierra, no lo sé pero “es lo que hay”.

No me entendáis mal, por suerte mi trabajo me encanta, soy de esos trabajadores vocacionales y en cuanto cruzo la puerta del hospital me lo paso muy bien en mi día a día, pero eso sí, necesito que mi marido me mande la “foto nuestra de todas los días” y ver la sonrisota, o los pucheros de mi niña. Ya no les llamo por teléfono porque cuando me oye llora y me pide que la coja y es un drama absoluto… ¡Ni las tragedias griegas, sólo nos falta el coro!

Por eso quería empezar el año haciendo una reflexión sobre la separación de los niños y sus padres y en general los primeros años de vida la separación más traumática es la de la madre porque la persona más cercana al bebé y su puerto de abrigo. Claro, que hay casos para todo.

Es cierto que las separaciones temporales del niño y sus padres, aunque sea dejarlos en un entorno tan cercano, conocido y seguro como es la casa de los abuelos, le suponen al niño unos instante de nervios y tristeza que le llevan a llorar y estresarse. Conste que a los padres nos pasa lo mismo. Se han escrito ríos de tinta hablando de esto desde varias perspectivas, pragmática, psicológica, política, social, empática… todo tipo de perspectivas imaginables. Pues para no ser menos os voy a dar la mía.

Creo que la frustración y el miedo, así como los celos y el egoísmo, son partes fundamentales de la persona y sobre todo del proceso de aprendizaje. Son estímulos que, aunque considerados de forma clásica como negativos, también conducen a las personas a desarrollarse.

Vaya por delante que pienso que la infancia tiene que ser fundamentalmente FELIZ y por tanto nunca forzaremos estas situaciones o sentimientos para que el niño aprenda, todo lo contrario. este tipo de sentimientos o situaciones tienen que minimizarse. Pero pueden usarse las pequeñas frustraciones diarias como una herramienta de aprendizaje y desarrollo y extraer de ellas un beneficio. Ahí estamos los padres para hacerlo de forma eficiente. Pero eliminar toda la frustración y los pequeños “traumas” de la infancia no creo que sea necesariamente bueno. Primeramente porque la vida es así, poco considerada, y eso desde la perspectiva de un país desarrollado. Y si la vida es injusta, es mejor aprender a lidiar con sentimientos de frustración cuanto antes y sobre todo cuando tenemos mayor capacidad de adaptación y aprendizaje. Y después porque son inevitables, si un niño no se frustra con la separación de su madre que lo deja en la escuela infantil, lo va a hacer porque se pierde su perro, se muere su pez, ha roto su juguete favorito o porque su padre tiene treinta y ocho de fiebre y está en la cama sin poder jugar.

Y ojo, que yo soy una madre gallina rozando la sobreprotección muchas veces. De las de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y lactancia materna hasta que el niño quiera, de las que rastrea el mercado en busca de productos lo más ecológicos posibles y pagables, y de las que le abro las mantas de la cama para que se acurruque a mi lado cuando no quiere dormir en su cama. Pero soy también consciente de que nos tenemos que separar y eso es bueno, que nos va a doler pero eso no es malo y que al final nos acostumbramos y aprendemos a disfrutar de las distintas situaciones. Quiero decir, igual que yo abro la puerta de mi trabajo y me lo paso bien, ella abre la puerta de la escuela o de la casa de sus abuelos se lo pasa bien y aprende cosas que yo probablemente no sé cómo enseñarle porque todos estamos sesgados. Si queremos que nuestros hijos maduren y desarrollen un criterio propio tienen que exponerse a puntos de vista distintos al nuestro. Eso sí hay que asegurarse que el entorno en el que dejamos al niño es seguro, rico en estímulos adecuados y lleno de amor por él o ella.

Así, entre el despertar y el pasarlo bien, hay momentos de tragedia griega diaria y algo de catarsis. Y sólo un par de cosas para acabar, sigo echándola de menos con locura y me da mucha rabia cuando hace algo por primera vez y me lo pierdo, pero, ¿sabéis?… las segundas veces también existen y son muy divertidas. Y eso sí, cuando vuelvo a casa por la tarde-noche, paso cada segundo con ella jugando y disfrutando de su compañía como si fuera el último día del mundo.

Leave a Reply