La increíble paradoja de la baja maternal
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La increíble paradoja de la baja maternal

La increíble paradoja de la baja maternal

Como tantas otras antes de mi y tantas que vendrán después de mi estoy sufriendo en mis carnes la paradoja que implica hoy en día pedir tras la baja maternal la acumulación de lactancia y las vacaciones para intentar juntar los 6 meses de lactancia materna exclusiva y disfrutar de este periodo básico de vinculación materno filial. Cosas estas que dice y recomienda la Organización Mundial de la Salud.

Pero en este país de pandereta que se jacta de tener una ley sobre conciliación familiar y profesional se produce una paradoja interesante. Primero tal como están las cosas es absolutamente necesario que trabajen los dos miembros de una pareja, segundo, son muy comunes hoy en día las familias monoparentales, tercero, nos encontramos muy a menudo lejos de nuestras familias en entornos desconocidos y con sueldo mínimos. Pero vayamos al tema, tienes un hijo y con toda la ilusión del mundo intentas lograr esos “6 meses de oro”. Tienes la baja maternal (ridícula) de 16 semanas y piensas, “cuatro mesecillos”. Luego rascas la acumulación de lactancia que en mi caso es de 1 mes y piensas “bien, ya tengo cinco”. Y claro, recurres a coger todas las vacaciones que son en el mejor de los casos menos de un mes y con los benditos fines de semana puedes incluso llegar a tres semanas y piensas “Bueno, casi los 6 meses, me falta una semana”. Si además te coincide fatal como a mi te coges alguno sino todos los “días de libre disposición” y consigues pasar casi 6 meses con tu niño.

Pero no creas que te van a dejar pasarlos tranquilos. Te llamarán porque lo primero que sorprende es que te ponen muchas pegas, arguyendo es que no se pueden pedir todas las vacaciones juntas para hacer un mes… Cosa que no es cierta, de hecho se hace precisamente en la baja maternal para permitir esto.

Digamos que, como es mi caso, al final lo logras. Después de esas 23 semanas se acaba la Luna de Miel administrativa de sopetón y sin anestesia. Un buen día madrugas, te levantas de la cama vistes a tu bebé con lágrimas en los ojos, le das de comer, metes el sacaleches en tu bolsa y el biberón en la suya y lo llevas a la “Escuela Infantil”. Te reciben todo sonrisas, has elegido lo mejor dentro de la pobre oferta que hay, no hay queja, son cariñosos y competentes pero ese día, te parecen fatal, les ves como bruscos, no es culpa de ellos, ayer eran fantásticos pero hoy tu percepción alterada no te permite verlo. Y ahí lo dejas, sorprendido pero bien, porque a los casi seis meses aun no extrañan.

Al llegar al trabajo tienes el triple, porque nadie ha hecho avanzar ninguno de tus proyectos, ahí están tristes, dormitando en el cajón, pero además te han endosado algunos más de propina, porque ya para eso te has pasado de vacaciones medio año. Suspiras y te pones a ello, al fin y al cabo es tu trabajo y, como es mi caso, te gusta. También empiezan las bromitas y las indirectas “Uy, ahora empezarán los resfriadillos y las visitas al médico”. Tu sonries y las obvias.

Y, de repente, un día tienes una epifanía, estás absolutamente encadenada a tu trabajo para el resto del año porque no tienen vacaciones ni días de libre disposición. Si hay reunión en el cole de la Mona Capuchina no puedes ir, a las revisiones del pediatra de la Mona Capuchina y del Señor Cocodrilo no puedes ir, si se ponen malitos pero solo un poco no puedes quedarte con ellos, si te encuentras mal más te vale ir a trabajar porque necesitas el dinero que te descontarían… Todos, todos los #~#@@# días tienes que aparecer por el trabajo. Así que cuando te quieres dar cuenta a tus hijos los están educando el padre, los abuelos o los tíos en el mejor de los casos, y sino la persona a la que has contratado para cuidarlos.

Así que es gracioso que se acoja una a la conciliación de la vida familiar y profesional y acabe en peores condiciones que sus compañeros de trabajo simplemente por intentar seguir los consejos de crianza de la Organización Mundial de la Salud.

Es demasiado pequeño y no, no me acostumbro a no ver su carita, a no tocarlo a media mañana, a no darle el pecho cuando lo pide, no, no me acostumbro. No me parece sano y no me parece justo. Un paradoja más que sufriremos porque no que da otra.

One thought on “La increíble paradoja de la baja maternal

  1. También está la excedencia por maternidad: vivir solo con el sueldo del marido.
    Hasta q el niño cumple tres años puedes disponer de distintos periodos de excedencia a tu conveniencia o coger un único intervalo de la duración que desees dentro de esos 3 primeros años.
    El pasar a vivir con un solo sueldo, en lugar de dos, implica pasar ciertas estrecheces y privaciones, dependiendo de las cuantias de ambos sueldos.
    Esas privaciones económicas acabarán al acabar la excedencia y podrás volver a disfrutar de nuevo de vivir con dos sueldos.
    Pero si no coges la excedencia, el tiempo que vas a estar apartada de tu hijo en su mas tierna infancia no lo recuperarás jamás.

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