El segundo hijo, cuando nada tiene sentido pero… funciona.
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El segundo hijo, cuando nada tiene sentido pero… funciona.

No tenéis la sensación, si tenéis dos hijos, que al segundo no le prestáis la debida atención. Es el que se cae y no lo recojes “ha sido susto, hijo, ha sido susto”, se traga la tierra de las plantas y alguna piedra “que ya la cagará”, se cae de la cama y no lo llevas a urgencias porque “Llora mucho, no le ha pasado nada. Además a estas horas, a donde vas saliendo de casa”. Sí, sí, ese, el segundo hijo.

Pues no creais que el pobrecito sale mal parado, todo lo contrario, se le refuerza el sistema inmune, aprende a llorar sólo para conseguir algo, no tiene problemas de estreñimiento y tiene una habilidad natural para hacer quedar mal a su hermano mayor… esto último no lo sé por mi hijo, sino por mi, que soy la pequeña… Además, no sé, parece que tienen cara de buenos y de no haber roto un plato.

El Sr. Cocodrilo por lo menos es así. A ver, no me entendáis mal, el bichillo es muy dulce y muy cariñoso, adora a su hermana, la Mona Capuchina, y se desvive por darle besos a sus abuelos, primos y tíos. Es como dice la Mona “un sol de niño”. Qué anda qué… cuando le oígo a la renacuaja decir eso me parto de risa sola. Volviendo al Sr. Cocodrilo, si con la Mona Capuchina me sorprendía a cada paso de su desarrollo y me henchía de ese orgullo maternal tan poco sano, pues el Sr. Cocodrilo me sorprende antes. Y es que se fija en su hermana y no hay nada como el aprendizaje por pares (tengo que contaos algo más sobre esto que es muy, muy interesante sobre todo para los adolescentes).

Además su instinto de imitación le lleva a querer integrarse y desarrollar habilidades sociales increíbles. Recuerdo un día en que la Mona Capuchina y el Sr. Canguro, su primo, estaban jugando a alguna de esas paranoias que fingimos que nos entusiasman y que no entendemos en absoluto después de cumplir los 18. El caso es que estaban tirados en el suelo con brazos y piernas abiertos riendo a carcajadas. En ese momento llegó el Sr. Cocodrilo con mi madre, habían salido a pasear, y en cuanto los vió le faltó el tiempo para tumbarse a su lado en semejante postura y partirse de risa… Ay, qué facilidad de integración social.

Total que al final, no les hacemos caso porque estamos muy atareados, los dejamos en manos de sus hermanos y primos porque, es verdad, así podemos planchar la ropa … Y al final, no sé como te despiertas un domingo con su sonrisa en la cara y un abrazo al grito de “mami!!!” normalmente acompañado de dos cosas, su hermana y mocos… y sabes, que al final todo funciona y estás criando a dos niños felices.

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