Diarios de la hiperemesis: Punto y final pero no mejoro
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Diarios de la hiperemesis: Punto y final pero no mejoro

Día 2 tras el segundo ingreso: De hiperemesis a vómitos excesivos.

A mi, he de confesar, me encanta la medicina. No soy un médico al uso y he hecho muy poca clínica porque me he dedicado y me dedico mayoritariamente a la investigación y al desarrollo del conocimiento académico. Pero me encanta mi profesión, desde el anacrónico juramento hipocrático a la deontología médica del siglo XXI. Me encanta las tecnologías diagnósticas y la anamnesis y la relación médico-paciente, me encanta. Pero hay que reconocer que somos tremendos, como nos gustan los tecnicismos y las palabrillas de más de tres sílabas y esdrújulas. El caso es que en este segundo ingreso en el que ya había pasado la frontera entre el primer y el segundo trimestre de embarazo ya no tengo hiperemesis gravídica, ahora tengo “vómitos excesivos en el segunto trimestre”. Me dejaron de una pieza… tengo los mismos síntomas, me dan el mismo tratamiento, tengo que hacer la misma dieta pero … no es hiperemesis.

Toma y ahí queda eso. Pero lo peor de todo es que hiperemesis significa “vómitos excesivos”. Pero sólo se aplica al primer trimestre. Así que a partir de ahora tendré que hacer los diarios de los vómitos excesivos en el embarazo… Suena fatal, me han hecho la pascua con este cambio de diagnóstico.

Pues nada, más de lo mismo a pesar de todo, sin comer y poco a poco a ver si voy tolerando… ya os iré contando. Esta tarde vendrá mi Mona Capuchina que está un poco enfadada de verme de nuevo en el hospital… “ahí, donde viven los médicos” que según mi hija es lo que significa hospital. No le falta razón y más últimamente con todos los recortes. Un brindis por mis compañeros de profesión y demás profesionales sanitarios que los mantienen en pie.

Día 5 tras el segundo ingreso: Toleré bien el líquido, pero los sólidos es otro cantar.

Nada que no me quiero ir, hoy después del desayuno y con un primperán en el cuerpo me han dado nauseas y de hecho he llegado a vomitar. No mucho pero algo. Parece que mis excesivos vómitos son además cabezotas y no se quieren marchar a paseo. Pues nada, me preparo para otra nochecita toledana en el hospital. Estoy poniéndome al día con algo de lectura pero como esta bendita entidad clínica cursa con perdida de atención y dificultad de concentración, junto con problemas de memoria, pues me cunde poco lo que leo.

Me puse incluso a revisar los apuntes del máster, nada. A leer novelas de mis autores favoritos cuando me siento intelectual, nada. A leer poesía de cuando me pongo metafísica, nada. Poesía ñoña que nunca reconozco haber leído con mis amigos, nada. Best seller, nada. El periódico, nada, Twitter, nada… a novelas de amor no llegué a probar…

Nada, que lo que queda es ver películas y poco más. Por suerte tengo un montón de pelis atrasadas además de las dos nuevas de Star Trek y toda la saga de Star Wars. Aburrirme no me voy a aburrir.

Día 8 tras el segundo ingreso: Tolerando, tolerando, tolerando

Síiiiiiiiiiiiiii!!! He tolerado líquidos y sólidos y parece que voy mejorando. Me han puesto vitamina D6 y parece que ha funcionado. Leo, deformación profesional, que hay que tener cuidado con la dosis de vitamina D6 que se da en el embarazo porque puede afectar al feto, aunque los CDCs la consideran “likely safe”, o sea, en principio segura.

Cuántas dudas me surgen, cuanto miedo por el pequeño. Las soluciono mirando en internet páginas de información científica fiable y tomo las decisiones informadas que me parecen más oportunas, en este caso tomar el tratamiento pero la mitad de la dosis que me traen. Y de repente me doy cuenta de que todo esto se ha decidido sin incluirme a mi, la paciente, la madre, la persona mayor de edad con todas sus cualidades mentales en buen estado. Puedo entenderlo como una decisión tomada para defender el derecho de un tercero incompetente, el niño, pero es que no es el caso, porque lo que hace el tratamiento es ayudar a mis síntomas pudiendo eventualmente afectar al feto. Pero peor que tomar la decisión sin tenerme en cuenta es que ni siquiera me han informado, de la misma manera que me pusieron por gotero Metoclopramida (Primperan) sin informarme que su toma prolongada puede afectar al niño. ¿Cuándo llegará el día en que a los pacientes se les considere seres pensantes con capaciad de decisión y derecho de ser informados?

Nos excusamos con el famoso dicho de que no lo entiende mucha gente que para eso los profesionales de la salud nos pasamos tanto tiempo estudiando, para poder tomar decisiones basadas en la evidencia. Pero es el derecho del paciente…

Al poco rato me voy encontrando mejor y se me olvida mi enfado e indefensión como paciente al ser tratada como un mueble. Parece que esta va a ser la definitiva y me voy a mejorar.

Día 14 tras el segundo ingreso: Me voy de alta

Pues sí, me dan el alta hospitalaria y paso a domicilio hasta el fin de cuidados. “Unos días de reposo relativo y según te vayas encontrando”. Esto me hubiese gustado que me lo dijeran a mi pero no fue así, a cambio me dieron un informe que para mi era claro y se entendía perfectamente pero yo, al fin y al cabo soy médico.

Cierro la puerta tras de mi, con una sensación de alivio y de culpa. De alivio porque volvía a mi casa con mi familia, con mi Mona Capuchina, con A, con mis cosas y con mis libros, con mi cotidianeidad querida. Pero seguía sintiéndome mal, y sintiendo cierta culpa de no haberme incorporado al trabajo por un simple embarazo, por unos simples vómitos, por un simple malestar… Así siguen haciéndote sentir cuando tienes hiperemesis gravídica: culpable.

Como dije al principio, ya ha nacido el pequeño, ya ha pasado el “embarazo de riesgo” que luego se complicó con diabetes gestacional en condiciones.

Nunca me recuperé de la hiperemesis, no dejé de vomitar, no dejé de tener nauseas, durante cerca de cinco meses mi mejor amigo siguió siendo la taza del vater, probé el jenjibre y todos los remedios caseros que me dijeron, dentro de una lógica.

Nada funcionó, seguí, igual todo el embarazo, no pude incorporarme a trabajar, de la baja por embarazo de riesgo pasé a la baja maternal.

Nadie me informó de nada más, no tuve seguimiento posterior y no tuve ayuda para saber qué hacer.

Mi adjunta y tutora de residentes me echó una mano y no tuve mayores problemas con mi contrato y mi residencia. Pero he sido consciente de que existe una ausencia absoluta de comprensión frente a las “patologías” que acompañan a un embarazo otras que no sean, por supuesto, el riesgo de aborto que eso sí que impresiona a la gente y con mucha razón.

Estoy muy de acuerdo con que el embarazo no es una enfermedad, pero tampoco es la situación fisiológica habitual y es una situación muy particular en la vida de una mujer, y muchas veces muy vulnerable. Debemos proteger este tiempo que afecta no sólo a la mujer sino al niño por nacer.

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