Diarios de la hiperemesis: Me dan el alta…
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Diarios de la hiperemesis: Me dan el alta…

Día 7: ¡El alta al fin!

Ya han pasado varios días y he escrito nada. Ya estoy comiendo normalmente, bebiendo más que normalmente y aburrida del techo de la habitación del hospital. Me encuentro bastante bien, claro que sigo con Primperán… La pena es que no está recomendada la toma continuada durante el embarazo porque me quita las nauseas mucho mejor que el Caribán. A ver si viene el médico… suenan pasos y abren la puerta.

No era el el médico, era la enfermera con las pastillas.

Me dormí…Ha llegado el médico y me ha dado un susto.
Por cierto que he conocido a toda la plantilla de ginecólogos del hospital, cada día uno distinto. Es un poco confuso.

Me voy a casa… Yey!!! He llamado a mi Servicio para decirles la buena nueva, con suerte en unos días estoy de vuelta currando. La verdad es que mi adjunta se ha portado muy bien, pero no puedo evitar sentir un poco de ansiedad o de culpa por la baja tan larga por culpa de los vómitos. ¿Quién no ha vomitado alguna vez?

“A” ha ido a buscar a la Mona Capuchina al cole y estoy esperando en casa a ver que cara me pone cuando me vea fuera del hospital. Ha merecido la pena esperar en casa y ver esa cada de sorpresa y felicidad que ha puesto. Lo primero que me ha preguntado es si ya íbamos a “no volver nunca al hospital”. Le he dicho que tendremos que ir allí a tener al Señor Cocodrilo. (Yo no me incluyo en el grupo de valientes que tienen a los niños en casa, confío mucho en la Sanidad de este país).
Por cierto, no tengo nauseas y tengo hambre… Que gusto, igual se ha acabado el martirio.

Día 1 tras el alta: Dieta de la hiperemesis

Me he levantado y … ¡¡¡no tengo nauseas!!!, todo me sabe fantástico. Hasta el chocolate…
Pues nada, ahora a seguir las indicaciones del médico. La dieta de la hiperemesis es muy similar a la de la diabetes, comer poco y muy frecuentemente. Unas cinco veces al día, es decir, desayuno, almuerzo a media mañana, comida, merienda y cena. Evitar los dulces y las grasas que favorecen las nauseas. Fenomenal, a eso le tengo que sumar no comer nada crudo por la toxoplasmosis. Bueno, pues nada, a por el almuerzo.

Para ser sincera, el almuerzo no me ha caído muy bien. No llego a tener nauseas pero no me encuentro demasiado bien. Bueno, esto es mejor que andar vomitando todo el día, estoy contenta.

La comida no me apetece demasiado y ya he tenido que ir corriendo al baño pero ha sido falsa alarma, no he vomitado.

Ya he empezado a vomitar, toda la comida para fuera. Bueno, al menos las nauseas son más llevaderas…

No, no lo son.

La merienda no me ha sentado mal. Pero no me apetece salir a la calle, hace frío y no me encuentro bien, estoy un poco mareada. Claro es lo que tiene estar varios días en el hospital.

Ceno un poco hastiada de la comida…

Me voy a la cama…

Día 2 tras el alta: Igual algo no va del todo bien.

He dormido bastante bien y casi no tengo nauseas…

Retiro lo dicho…

Qué mal rollo…

Bueno, la comida no ha ido mal.

Nada que hoy tengo mal día a ver si la cena me sienta mejor.

Día 3 tras el alta: Gracias doy por esos buenos profesionales de la Sanidad Pública

Llevo toda la noche vomitando. Me encuentro fatal, yo creo que me he deshidratado. Tengo que volver al médico. Llevamos a la Mona Capuchina a casa de sus abuelos.

Efectivamente me he deshidratado. He tenido que ir a urgencias. Parece que me he vuelto a deshidratar, por lo que me han dicho puede ser un efecto rebote por el cambio de medicación. Vaya faena. Durante una media hora albergué la ilusión de recoger a la Mona Capuchina y seguir con mi vida como si nada. Además de encontrarme fatal pues me ha vuelto ese sentimiento de medio culpa por estar enferma, en vez de incorporarme a trabajar el lunes, como quería, tengo que seguir de baja. Y si me ingresan para qué quieres más igual otra semana, qué dirán en el servicio? Y en la unidad docente?

Por suerte, doy gracias por esos grandes profesionales que trabajan en la Sanidad Pública que por muy cansados que estén te saludan con una sonrisa y te explican las cosas. Mi médico de urgencias favorito, ya los voy conociendo a todos…, se ha sentado conmigo y a dado en el clavo. Debo ser un libro abierto. Me ha dicho que tengo que ponerme bien y preocuparme de eso, y no de sentirme mal por no ir a trabajar, lo más importante, me ha dicho, es que te pongas bien y que el niño esté bien, y si tienes que ingresar y tener una baja más larga lo tengo que hacer sin cargo de conciencia. Tiene razón, esto es una patología, y de hecho el propio embarazo en sí supone un cambio tan grande en la fisiología de la mujer que si no fuera por que somos mamíferos placentarios sería una enfermedad. Me ha calmado mucho que alguien me entendiera y entendiera mis miedos. Sólo espero que cualquier mujer en mi situación se encuentre con alguien así.

Efectivamente me ingresan. Lo siento por mi Mona Capuchina. Llamo a mi servicio, mi adjunta lo lamenta mucho pero me apoya totalmente. No uno, dos grandes profesionales a mi lado, y por supuesto “A”. Me siento afortunada, pero es lo único bueno, porque por lo demás estoy mareada, nauseosa, con dolor de cabeza y cansada. Volvemos a la habitación. Me toca una al lado de la anterior, y este se convierte en el primer día del segundo ingreso. Hoy no como.

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