Diarios de la hiperemesis: El primer ingreso
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Diarios de la hiperemesis: El primer ingreso

Día 1: Ingreso en el hospital

No he podido ir a trabajar. Me he levantado mareada y vomitando todo lo que comía. Estoy embarazada así que supongo que es normal. Llamo al hospital para decir que no voy a ir y me acuesto de nuevo. Un día sin cobrar.

Son las 10 de la mañana y es la cuarta vez que vomito y ya no tengo nada en el estómago. No quiero comer pero pienso en el enano y decido que tengo que volver a comer algo. Como. Me acuesto, se me nubla la vista y no puedo seguir leyendo mi libro.

Llegó mi marido, me voy al hospital a urgencias, estoy segura de que me he deshidratado, tendré una gastroenteritis, pero no tengo diarrea ni fiebre… no sé. Me atienden en seguida y me ponen suero. Sí, me había deshidratado.

Las horas pasan lentas, claro hay que dejar tiempo para pasar el suero. ¡Qué incómodas son las sillas!

Viene el médico a preguntarme cómo me encuentro. Sonrío y le digo que mejor, me da pena decirle que me encuentro fatal, el pobre es muy amable.

No tengo gastroenteritis, tengo hiperemesis gravídica… o sea, que no paro de vomitar. Y me van a ingresar. Vaya lata, la pequeña Mona Capuchina está con los abuelos, pero la echo de menos.

Me llevan a la habitación, es individual, que suerte. En maternidad, así que cada poco tiempo oigo el futuro llorando en la puerta de al lado. ¡Qué riquiños! ¡Ah! me han traído un par de revistas.

Día 2: Dieta absoluta.

Cuando dicen dieta absoluta es una forma de maquillar que vas a pasar más hambre que decirlo, te ponen un suero y a correr, bueno, a correr poco porque con el gotero es un rollo. Y la verdad es que deshidratada y embarazada lo último que te apetece es correr.

Estoy deseando que llegue el médico a pasar la planta porque es viernes y quiero que me den el alta. Me quiero ir a casa con mi familia minimalista, echo de menos a mi pequeña Mona Capuchina. Ayer vino a verme, pobriña, se llevó un susto de muerte cuando me vio en cama con una aguja clavada en el brazo, si es que son tres años escasos. Le costó bastante acercarse a mi y se quería ir. Casi me parte el corazón, menos mal que entendí que lo que le daba miedo era la situación, no yo. Al fin se acercó y se dio cuenta que era la misma de siempre sólo que agujereada.

Jugamos un rato, como buenamente pudimos, y lo pasamos muy bien. Si es que es fácil pasarlo bien con ellos.

Ha pasado el médico pero, por supuesto no me dan el alta. Ilusa de mi, si ni siquiera he dejado de estar deshidratada del todo, ni he tolerado comida porque no he comido nada. Me toca todo el fin de semana en el hospital. Vaya gracia. Además me van a descontar una pasta del sueldo este mes. A ver como acaba quedándome el sueldo. En fin, sin guardias y con los descuentos…

Cada día me parece más necesario pintar cosas en los techos de los hospitales, son tan feos… Y los enfermos lo miramos tanto.

Día 3: Sábado y me dan de comer.

Ya me han permitido comer, el desayuno no, pero la comida sí. Estoy deseando que llegue, ya puedo estar malísima, que el apetito no lo pierdo. Por cierto que como me están dando antieméticos, casi no tengo nauseas y es una experiencia refrescante. “A” ha estado aquí por la mañana temprano, como todos los días. El pobre se quisiera quedar a dormir en el hospital, pero no tiene sentido, yo estoy bien y le necesita mucho más la Mona Capuchina en casa. Luego va a traérmela otro rato. Ya me tarda verla.

Ayer por la noche me puse a ver películas . “A” me ha traído un montón y también es un gusto poder verlas tranquilamente. Leer aun no lo consigo, no sé que me pasa pero leer y escribir se me resiste, como que las neuronas se me dispersan y no coordinan. Me di cuenta que he llegado a leer la misma frase dieciocho veces seguidas sin enterarme de lo que ponía.

Es la hora de la comida y oigo los carritos. “A” se ha ido a comer con la Mona y yo estoy esperando a que me traigan mi primera comida. Es curioso porque hace un rato que no se oye ruido de repartir comidas… no me han traído la bandeja… ¿será que no se acuerdan?

Noooooooooooo!!!!!

Quiero comer.

Me levanto no sin cierta dificultad, pero logro llegar a control y con cara de pena, penita, pena les pido “mi comida, por favor”. Sí, se habían olvidado de anotar que ya me tenían que dar de comer y no me habían pedido la comida… Argggg!!!

No pasa nada, el cocinero del hospital, antes de salir para casa ha tenido el detallazo de hacerme la comida,  no sé quien es, pero ya me cae fenomenal. Y es que para colmo en este hospital se come bien. Pero mi comida ha estado aun mejor porque me la ha hecho a mi sóla y estaba buenísima.

Ha venido “A”, y ha traído a la Mona capuchina. Qué alegría. Hoy ya estaba contenta y ha venido directa a jugar a la cama. Que tiene tanta palanquita que está encantada y es que como dice ella unos días se levanta médico otros ingeniera… y esta cama es la metáfora de las dos vocaciones.

Aun no me dan el alta y ya hasta el lunes o el martes no creo que me la den.

One thought on “Diarios de la hiperemesis: El primer ingreso

  1. Caro, que buen escrito!!, no sabía que estuvieras nuevamente embarazada :):) me alegra mucho. Te mandó un abrazo grande y espero que te recuperes pronto .

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