De las ocasiones perdidas
0

De las ocasiones perdidas

Tengo el bloc de notas lleno de pequeñas anotaciones de todas las gracias que han ido haciendo mi Mona Capuchina y mi Colibrí durante meses, durante años. Con la sana intención de escribir un post divertido, que quién sabe si podrá animar a alguien una fría mañana.

Ahí se van quedando arrastrada por lo urgente del día a día.

Tengo una fortuna tan inmensa que a veces la urgencia, el sinsentido de las expectativas, las tonterías culturales me inducen a tirarlo todo por tierra.

Recientemente he estado de vacaciones, yendo en canoa (que ahora se llama kayak con k) por un parque natural, miraba a mi familia en la canoa de tres, (yo iba con el señor Canguro en otra canoa) y no daba crédito a tanto lindura. Y sin embargo, he sabido hacer daño a quien no debía por los motivos equivocados. No es que quiera hacer escarnio ni crea que una declaración pública de mis errores sirva para solucionar algo, pero quizá a alguien le sirva para apreciar lo que tiene en el momento adecuado, ni antes de tiempo ni demasiado tarde. En el momento justo para poder disfrutar de ese instante en canoa, viendo delante de sus ojos lo más importante de su vida.

Y poniéndonos menos serios y menos dramáticos, contar que he comprendido qué es un deporte de riesgo por fin. No es hacer puenting o escalar el Kilimanjaro, un deporte de riesgo es hacer “kayak” en un río de aguas tranquilas, en una ruta de 4 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, una mañana nublada de verano con tres fieras currupias aceleradas como un lagarto en agosto en Ciudad Real. Eso es un deporte de riesgo y lo demás un paseo por el campo, a mí que no me mientan.

 

Leave a Reply